Nació el Legado Andalusí como una propuesta, un proyecto para tratar de recuperar la memoria histórica de al-Andalus, para que asumiéramos una historia de casi ochocientos años que ha dejado una profunda huella en nuestra región. Huella que se puede encontrar en nuestras ciudades, monumentos, que podemos descubrir y sentir en nuestros pueblos y aldeas, en nuestra campiña, en la agricultura, artesanía, en la literatura, en el lenguaje, en nuestra vida cotidiana.
Esta historia andalusí, más allá de los avatares y conflictos posteriores, se mezcló con nuestra historia occidental europea dando lugar a una sociedad que a pesar de los rechazos, las tragedias y los enfrentamientos, es el fruto de una fértil mezcla de diferentes gentes y culturas.
Y es que España, sobre todo Andalucía, junto a su raíz europea ha permanecido unida al continente africano. Enclave situado a caballo entre dos continentes, “vivirá pronta la desdicha –dirán García de Cortázar y Gonzalez Vesga en su “Breve Historia de España”- de convertirse en campo de batalla de ambos mundos, pero también la suerte de ser lugar de encuentro de sus pueblos en un inacabado proceso de mestizaje de culturas
y sangres que expandirá luego a tierras americanas”.
Memoria histórica
No pretende el Legado Andalusí magnificar la historia de al-Andalus, añorar un paraíso perdido que nunca existió, ni exaltar una convivencia entre las tres culturas que no fue norma,sino excepción. Pero tampoco negar las raices de una historia que ha marcado nuestro país, con frecuencia menospreciada y rechazada como si estos siglos de cultura hispano-musulmana hubieran sido un vacío histórico, con el que nada teníamos que ver. Quiere también que esa historia, esa cultura llegue al mayor número de gentes y entiende que su conocimiento e interpretación tampoco es patrimonio exclusivo de “algunos especialistas” que a veces se consideran los únicos intérpretes, los sumos sacerdotes de una historia que pertenece a un pueblo, y en el que tan importante es aprehender su realidad, como la percepción de la misma, porque esa memoria histórica se encuentra tanto en el conocimiento científico de la historia, arquitectura o monumentos como en las sensaciones. “De buena gana admito, - dirá L Durrel-,que los caracteres lo son en función del lugar. Empiezo a considerar que la característica principal de una cultura es, después de todo, el espíritu del lugar”.
Puede que nadie haya descrito con más fuerza ese espíritu del lugar que Marguerite Yourcenar cuando en su Andalucía o las Hespérides dice:
“...lo árabe en España se ha superpuesto de entrada a lo antiguo: el arte de una civilización para la cual todo deleite y toda geometría desembocan en la forma humana se ve sustituido por un arte consagrado únicamente a la modulación de las líneas que se estiran que se enlazan y se acarician, sin significar otra cosa que ellas mismas , música abstracta, meditación matemática eterna...
El arte árabe de Granada, más tardío, más femenino, se dirige al espíritu a través de los sentidos...”. Y es que la Catedral de Sevilla se instalará sobre la Giralda,la de Córdoba sobre la Mezquita y el Palacio de Carlos V se insertará en la Alambra, nuevos edificios injertados, en parte destructores, pero que conservarán, más que en ningún otro país, la grandeza de los antiguos monumentos, y en los más íntimo, la dulzura de sus jardines y patios de naranjos. El arte cristiano después de la caída de Granada será sobre todo arte múdejar más liberal que la ortodoxia reinante, quizás porque la vida andaluza, -su espíritu del lugar-, más allá de los dogmatismos y absolutismos de sus elites gobernantes, ha sido durante siglos alegre, lúdica y sensual.
Proyecto compartido
Con este bagaje, con estas sensaciones, se inició este proyecto que considera que el conocimiento de nuestra historia común y su aceptación como parte de nuestro acervo cultural nos ayudará a mejorar nuestra visión del otro, lo que puede facilitar lugares de encuentro y una fértil cooperación con la otra orilla, ahora que parece que la historia vuelve a repetirse y de nuevo nuestra condición de estar unidos -quizás maniatados- a la orilla sur del Mediterráneo, exige un profundo esfuerzo de asimilación e integración de esta realidad histórica, y actual. Es además un proyecto común y compartido que quiere contribuir a modificar la percepción desde la otra orilla, que con frecuencia tiene también una visión negativa y simplificadora de la realidad española.
Para poner en valor esa historia común, para hacerla llegar al mayor número de gentes, el Legado Andalusí creó una serie de Rutas histórico-culturales en Andalucía que pueden servir para vertebrar el territorio, para que conozcamos y recorramos nuestra región, para que tratemos de reconocernos en cada uno de esos múltiples lugares, en esos caminos y para que , a través de la historia, aprendiéramos a apreciar la naturaleza, y a través de la naturaleza, sintiéramos y conociéramos que no hay paisaje sin historia. Y es que nuestra región tiene una espléndida historia que los andaluces deben conocer y sentirse orgullosos porque no hay muchas otras regiones en Europa, casi ninguna con un pasado más rico, humana y culturalmente, pocos más bellos. También para que esa fuerza del pasado nos sirva como estímulo de vida para el presente y el futuro.
Itinerarios culturales
También creó una serie de Itinerarios Culturales para vertebrar nuestro pasado común con los países que ayudaron a construir nuestra región, los Omeyas Sirios, el Egipto Fatimida, el Magreb, Zirí, el África subsahariana Almorávide y Merinida. Tan herederos somos, entiende el Legado, de los Alfonsos, Fernandos, Isabeles, como de los Abdallah, al-Mutamid, de los Góngoras y Bécquer como de Ziryab e Ibn al-Jatib, de Santa Teresa como Walada y puede que los Ibn Said nos pertenecen casi más que los Berenguer o Wifredos.
Si además de recorrer ese magnífico paisaje urbano y rural de Andalucía, si además de admirar el arte romano, el gótico, el renacimiento, el barroco, el arte cristiano, también te deleitas en el arte andalusí, y lo consideras algo tuyo, no el de un pasado remoto y exótico, ajeno a ti, al final, el Legado Andalusí habrá conseguido alguno de los objetivos para los que nació.
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