Resumir de manera acertada y rigurosa los ocho siglos de al-Andalus en una única obra es un logro al alcance de muy pocos. Y si nos encontramos con un libro como ‘Andalusíes. La memoria custodiada’, compuesto por dos volúmenes en los que se detalla y sintetiza los factores más relevantes de la cultura, historia y sociedad andalusíes tan solo nos queda reconocer el rigor y concienzudo trabajo realizado por su autor, Juan Castilla Brazales.
A la hora de crear este volumen se me cruzaron dos cuestiones. La primera es que, básicamente, yo tenía interés no solo en volcar al gran público la historia de al-Andalus, que ya en su momento lo hice, sino tratar otros muchos aspectos relacionados con la cultura, la arquitectura, la sociedad, la religión, la vivienda, la gastronomía...
El segundo factor que me animó a crear este libro fue una documentación que cayó en mis manos hace año y medio. En estos documentos se habla de unos moriscos granadinos que son expulsados a principios del siglo XVII. Lo que me llama la atención es que de esos miles de moriscos hay una familia que sale con dinero de Granada, que va a parar a Francia, porque se le prometen una vida desahogada, pero pasan los años y esas promesas no se cumplen. Empieza, así, un periplo para esta familia que acaba en el siglo XVIII en Túnez, donde abre camino desarrollando unas técnicas que llevaba ya aprendidas desde Granada, que consistían en la fabricación de el famoso gorrito que se conoce en Túnez como chechía, de color granate, muy elegante, y con un cordón de seda negro.
Finalmente, en un viaje a Túnez y después de un tiempo, encontré a los descendientes de una rama de aquellos moriscos. A partir de ahí creé el marco ideal para hablar en profundidad de al-Andalus, a través de la existencia pseudoficticia de un señor mayor que no tiene descendencia y que se considera heredero de aquellos andalusíes. Sabedor de que se va a morir pronto convoca a sus parientes todos los viernes para transmitir esos conocimientos.
2. ¿Se trata entonces, de un libro para académicos o se dirige principalmente a los profanos en la materia andalusí?
Me quedaría en un punto medio. En principio va dirigido al gran público, pero mi sorpresa es que muchos compañeros especialistas que se lo han leído comentan que es un acierto que vaya dirigido al gran público, aunque también afirman que es una obra que va a satisfacer las necesidades de muchos universitarios y de otras personas que necesiten introducirse con rigor en la cultura de al-Andalus. En opinión de algunos de mis colegas es una obra que toca los temas en profundidad y que rellena muchos huecos que existían hasta la fecha.
Lo que yo hago como autor es dar una información rigurosa y científica de forma amena, recurriendo al diálogo de los personajes. Si todos estos datos los proporcionara de un modo puramente científico no llegaría al gran público.
3. No obstante, ¿‘Andalusíes’ no es el típico manual para estudiantes, correcto?
La información recogida es la misma que puedas encontrar en cualquier manual, lo único peculiar reside en el hecho de que los contenidos están diseñados para digerirse fácilmente. Es decir, huyo del aparato crítico en este libro y opto por una fórmula que sea asequible para el gran público.
4. Pero usted, que se define como científico y estudioso de esta materia abandona las líneas más puristas de publicación... ¿ha pensado en publicar nuevas obras para el gran público?
Vamos a ver, este libro sería como un cajón en el que se han metido los temas más variopintos de al-Andalus. Si quisiera hacer lo mismo que he hecho en los últimos años habría publicado esta información a través de artículos muy específicos en revistas especializadas que llegan a muy pocas personas.
Sin embargo es mi interés llegar al gran público y quizás lo próximo que haga sea un volumen dedicado íntegramente a la vida cotidiana en los ocho siglos de historia de al-Andalus. Al publicar ‘Andalusíes, la memoria custodiada’ quizás me debería de haber planteado sacar primero un volumen y más tarde otro, quizás intimide menos a la persona a enfrentarse a estos temas por primera vez. Pero bueno, si no lo hubiera hecho así se me podría decir por qué toco unos temas y otros no.
5. Alejándonos un poco de los que es propiamente su obra, ¿cuál cree que es la presencia más patente del legado? ¿Qué hemos perdido como sociedad española desde la salida del último morisco de la Península?
Nos han quedado numerosas muestras del legado de los andalusíes. Mira, yo siempre aconsejo unos sencillos ejercicios para que una persona, sin necesidad de adentrarse en estos temas, pueda darse cuenta de lo que nos han dejado los ochos siglos de presencia arabe-musulmana en nuestra tierra. Lo primero que recomiendo es darse un paseo por algunas ciudades: por Córdoba, Granada, Sevilla, Toledo. En el caso de Granada sorprende mucho, ya que si tratáramos de recopilar todos los elementos de la Granada árabe podríamos hoy levantar toda una ciudad: tenemos puertas, restos de murallas, de un hospital, de una alhóndiga, de un mercado... y ni estoy hablando de la Alhambra.
Otro sencillo ejercicio sería que cuando estemos comiendo seamos conscientes de que en muchos de los platos que estamos degustando los ingredientes y su forma de prepararlos nos han sido legados por los andalusíes. Por último otra muestra patente la encontramos en un diccionario de la lengua española, en el que si estás muy aburrido puedes ver palabra por palabra cuántas le dicen que vienen del árabe, son miles.
Respecto a la segunda parte de la pregunta creo que el español y el andaluz hemos ido abandonado algunos condicionantes básicos de lo que era nuestro carácter, nos hemos ido occidentalizando demasiado y hemos perdido aspectos que los heredamos de los andalusíes. Por ejemplo el concepto de contemplar el tiempo, hemos ido perdiendo el reposo, la tranquilidad, las relaciones de amistad y vecindad que quizás sólo se conservan en los pueblos pequeñitos y en ambientes rurales.
6. ¿Cuál es el motivo por el que lo andalusí no termina de fructificar en el mercado editorial? ¿Cree que tienen suficiente eco en los medios de comunicación los ochos siglos de presencia árabe en la Península?
Es un tema que suscita interés en el mercado, pero si me he lanzado al ruedo con este tipo de trabajos es porque me gusta llegar al gran público y también porque estoy convencido de que hay una necesidad. Este tema tiene interés, pero cuando llega el momento de la divulgación nos encontramos con gente sin la formación necesaria. Y se acaba trasladando a la sociedad un mensaje muchas veces incierto que se detiene en los tópicos, en las anécdotas... porque no hay un rigor.
Sin embargo en épocas pasadas ha sido siempre un asunto relegado, había una cruzada contra todo lo que se denominaba entre comillas “lo moro”. Era un tema tabú y lamentablemente durante décadas y décadas todo lo que tiene que ver con estos ochos siglos, ¡que son muchos!, se ha visto resumido en una página y media en los libros de texto y si podía, el profesor no profundizaba para no meterse en berenjenales.
A partir de la Transición española sí han empezado a salir publicaciones y temas relacionados, pero no dirigidos al gran público, porque algunos especialistas no tienen ganas de ponerse a niveles más sencillos. Por último, quien se ha atrevido a sacarlo han sido, generalmente, personas que no tienen formación y que han conducido a errores al hacer uso de “refritos” y bibliografías trasnochadas...
7. ¿Vaticinaría una vuelta a esta cultura andalusí, una mirada hacia atrás?
En mi opinión siempre hay que mirar el espejo retrovisor, sin duda. Pero no sólo a este periodo, sino a todos, porque la Historia, evidentemente, te enseña entre otras cosas a no repetir errores anteriores.
No obstante, no voy a negar que en esta etapa tan rica de la Historia de España, han existido luces y sombras, como en todas. Los andalusíes aportaron muchísimas cosas pero también hay periodos sangrientos. Hay que mirar atrás, pero sin apasionamiento, porque puedes hacerlo para aprender de la Historia pero también puedes acabar idealizándolo. Como digo, hay que mirar a este periodo con objetividad, sin tirar de la cuerda de un extremo como cuando se decía que “España se había convertido con los árabes en un desierto como África”; pero tampoco hay que tirar del otro extremo y afirmar que “la cultura de Córdoba fue el no va más”.
Vamos a quedarnos en un termino medio, hubo momentos acertados y otros no tanto, desmanes por parte cristiana y por parte musulmana. Y esa es la Historia, hubo momentos en los que Córdoba fue un verdadero crisol, existieron momentos florecientes, se produjeron también hechos trágicos de expulsiones, intolerancias...
8. ¿Qué nos queda por aprender de los andalusíes?
Podríamos aprender o recuperar esos conceptos que hemos perdido, hace no tanto tiempo, cuando teníamos unos parámetros muy distintos de lo que hay ahora. Muchas veces llegan mensajes de confusión a la sociedad y se piensa que todo lo musulmán es de un modo concreto. En el caso andalusí yo abogo por recuperar el concepto de tiempo, las relaciones, etcétera.
La Obra

Título:
Andalusíes. La memoria custodiada
Autor:
Juan Castilla Brazales
Edita:
Fundación El legado andalusí
Descripción:
Extensa obra compuesta por dos volúmenes en la que se recorren, a través de un marco pseudoficticio, los aspectos más variopintos de la cultura, sociedad e historia de los ocho siglos de al-Andalus. En un lenguaje llano y
en tono ameno se recorren las principales características de la historia,legado, arte, vivienda, religión, música y otras realidades de la sociedad andalusí.
Suscríbase al servicio de avisos por sindicación en su correo electrónico o lector de feeds